Categoria: Fabián Irusta (Villa Maza, Buenos Aires, Argentina)

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Oleajes en el cielo (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Oleajes en el cielo
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Se piensan lentamente,
al unísono y bajo la noche que destella su paisaje pianísimo.

Allí…
Bajo las auroras románticas
y al mismo instante desnudo en salto ángel,
donde el sentir perpetuo se luce como libélulas en su aleteo.

Pues ella…
Es capaz de sostener su aliento
sobre el aire al que vuela. Por esas cuestiones lúdicas,
abre sus brazos al cielo, simulando alas del amor.

Él…
Se convierte en brisas ligeras
para naufragar en su cuerpo latiendo
más allá de la intensidad del tiempo que parece infinito
y sobre el oleaje del cielo.

Y se nombran,
y se protegen y se cuidan;
rozándose.

Piel a piel
hasta alcanzar las orillas que se dejan penetrar
como agua en cantidad laguna.

Y dibujan al paisaje artesanal,
los trazos curvos entre las penumbras y la luna que soma.

Y se hacen a la transparencia de mil primaveras
sobre la lubricidad glorificada.

Pétalos de tu viento (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Pétalos de tu viento
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Deja que te cuente…

De los matices que hay por las noches,
entre los claroscuros noctámbulos y la inocencia del alma,
que parecen resplandecerse a las sinfonías infinitas.

Melodías
que se impregnan en la piel desnuda
y sobre el manto sedoso que abriga los pesares del ayer.

Pero es la ansiedad latente,
la que naufraga sobre los espejos de los ojos.
Los mismos que evocan los sentires, para conquistar
lo inconquistable.

Pues allí estás…
Inmerso en latitudes diferentes.

Intentando inhalar,
los peldaños de corta duración, al momento exacto,
en que te vas transformando en pétalos del viento.

O en latidos parpadeantes,
desde la intensidad interior, en períodos extraños.

De ser y no ser,
de existir y poder deambular, de irradiar sensaciones
sobre los oleajes del tiempo.

Aquellos…
Que trastocan las raíces de tu adentro
para seguir viviendo.

Pocos versos sobre el silencio (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Pocos versos sobre el silencio
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Danza tejida en pocos versos
y sobre el silencio, que cuecen las miradas al tiempo quimérico.

Lugar donde la noche
juega entre los cuerpos desvestidos y sobre los labios entreabiertos
cuales románticos y frágiles, saben de néctares.

Gozosa ilusión
que busca entre las penumbras, un poco de locura,
o de pasión novelera, que nivela el canturreo atrevido
desde el alma.

Y a partir de ese itinerario…
Inagotables manantiales se recuestan sobre la luna asomando
cuales luces dibujadas al aire, domeñan sus sombras.

Elemental imagen
para comprender el amor a contra luz…

Y en bocetos de amantes;
controlan sus pensamientos saciados de creatividad
al natural humano.

Rarezas, por así decirlo (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Rarezas, por así decirlo
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Has llegado para quedarte;
desvistiéndote al oído y al sonar de auroras en tu ritual sereno…

Y te expones
bajo aires purificados entre sogas e instantes
para serlo todo.
Y percibes la impresión
de estar impregnado en el hastió que bosqueja
tu sensibilidad.

Impresionabilidad al desnudo
bajo penumbras y umbrales silenciosos cuales nostalgias
dejan ver la transición.

Metamorfosis que gime en tiempo y espacio…

Y observas el delirio de los alrededores
al punto luz
que delinean las formas de tus manías.
Y las manos
trazan hebras desde las aristas mundanas
al leve susurro de la piel.

Hálito suave
que se embelesa ante los perfiles de noche.

Y sobrevives al arte
labrando auroras solitarias detrás de tu confín.
Y te refugias somnoliento
a orillas del alma donde hilvanas la historia
que se baña de lunas.

Sensaciones que caben entre los labios (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Sensaciones que caben entre los labios
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Es tu sabia decisión.

La de volver montado entre lunas viajeras,
mientras exhalas los vahos
de acuarela
y vida.

Allí…
Donde ilusionas a tiempo completo
y experimentas sensaciones que caben entre los labios,
hasta que descienden como aromas de nardos
por tu piel sintiendo.

Pues pareces vagar por la mismísima sensatez.

Y al mismo instante,
te haces parte del tiempo que equidista
cuando el ocaso deja de iluminarte.

Hasta dejarte renacer, al vuelo eterno.

Semidesnudo.

Y bosquejando la beldad de las intensiones,
desde las entrañas, que van pariendo las formas continuas
hasta conjurar tus silencios.

Sobre las sombras (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Sobre las sombras
(Fabián Irusta/ Argentina)

Te
veo
danzar
al
aire.

Cuando cae la noche
sobre el manifiesto de tu mansedumbre.

O
sobre
la
imagen
que se multiplica a los ojos
en
cada
instante
continuo.

Fíjate
que de ese modo,
puedes conquistar el universo
tantas veces quieras.

Porque al arte de tu arte,
le sigue el esfuerzo de las sutiles piruetas
en frágiles tonalidades.

En fin.
Son solo delirios del alma…

Que
se
complementan
y se amalgaman a los instantes
entre
silencios
y
suspiros.

Ya es ayer (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Ya es ayer
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Cuando suma el silencio
entre los aleteos de las mariposas y los efluvios corporales.

Semejante
a las costumbres de los sueños
cuales acogedores simplifican las esencias de la vida.

Aquellas,
que con el tiempo se dormitan en el ayer.

Y siendo más de dos,
imprimen los suspiros multitudinarios
hasta beber los sentires
de la locura.

Manía extraña
de ver las cosas en primera persona.

En fin…

Parece ser esas etapas donde se soslayan los instantes
para alcanzar el magma del albedrío.

Libertad
que se asoma a través del paisaje urbano
sin pronunciar los nombres.

Y te haces murceguillo (Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Y te haces murceguillo
(Fabián Irusta/ Villa Maza, Argentina)

Allí,
colgado de los pies
entre las sombras que esperan el haz de tu ilusión.

Lejos de la luz…
Al cual rebosan los límites noctívagos
desde el silencio de tu corazón.

Donde a veces,
sabe a sórdidas intenciones.

¿Y por qué no aleteas a tu aire?
Si cuando pendes de los horizontes erguidos
pretendes amedrentar con la desnudez y con el silbido
del viento serpentino.

Aún así,
refieres estar expectante y en silencio, a la espera del no sé que,
o simplemente, embriagarte de las auroras fragmentadas.

Pues si supieras volar…
No rebosarías miserias y menos aún, adorarías las noches
como si fueses el dios de los quirópteros.

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